Emilce Moler recibe hoy el Honoris Causa de la UNLP a 50 años de La Noche de los Lápices
La Universidad Nacional de La Plata entrega este martes el doctorado Honoris Causa a Emilce Moler, una de las cuatro sobrevivientes de La Noche de los Lápices, al cumplirse 50 años de aquella madrugada del 16 de septiembre de 1976. La distinción alcanza también a Pablo Díaz y Gustavo Calotti, los otros dos estudiantes que pueden relatar lo que vivieron. De los diez adolescentes secuestrados aquel septiembre, seis continúan desaparecidos. El acto central será a las 17 en el patio Julieta Lanteri, en el edificio de la presidencia de la UNLP, sobre calle 7.
«Lo más doloroso es todo lo que no pudieron llegar a ser»
Moler, que fue docente universitaria, contó que la distinción la emociona, aunque admite atravesar una «ambigüedad» en su corazón por el recuerdo de sus compañeros que permanecen desaparecidos. «Lo más doloroso, cuando pienso en ellos 50 años después, es justamente todo lo que no pudieron llegar a ser», dijo en diálogo con Buenos Aires/12. A lo largo de cinco décadas imaginó más de una vez cómo serían hoy: «Lo que más me cuesta pensar es que quedaron detenidos para siempre en esos 16, 17, 18 años».
Sobre el reconocimiento, señaló que inevitablemente piensa en quienes no están, en quienes no pudieron llegar a la universidad, elegir una carrera, trabajar o formar una familia. «Sé que voy a pensar también en ellos y en todo lo que no pudieron vivir, y me gusta sentir que, de alguna manera, ellos también reciben un título de la Universidad Nacional de La Plata», afirmó.
Una memoria que no se congele
Moler puso el foco en cómo sostener la vigencia de la lucha por los Derechos Humanos entre las nuevas generaciones. Sostiene que las juventudes «tienen otras preguntas, usan otros lenguajes y se acercan a la historia de otras maneras», y que si la memoria va a seguir teniendo sentido en el presente no alcanza con transmitir los hechos de manera unilateral y esperar el mismo efecto. Por eso plantea no abandonar las banderas de Memoria, Verdad y Justicia sino enfatizarlas, revisando cómo hacer que resulten significativas y propias, y no algo lejano: el desafío, resume, está en «conservar la verdad de lo ocurrido sin congelar la manera de contarla».
Del exilio interno a la docencia universitaria
Al salir de la cárcel en 1978, Moler debió mudarse bajo custodia a Mar del Plata, sin poder asistir a la universidad ni participar en actividades con algún lazo político: le indicaron que debía comenzar una «nueva vida», según relata en su reciente libro La Larga Noche de los Lápices, al que define como la conversación consigo misma que nunca pudo tener. En Mar del Plata estudió Matemática, se doctoró en Bioingeniería y ejerció la docencia universitaria durante 30 años, además de sumar actividad sindical y militante.
La universidad, aun con la distancia de La Plata, terminó ocupando un enorme lugar en su vida, «aunque no de la manera que aquella chica de 17 años había imaginado». Por eso, explicó, no vive el reconocimiento solo como una reparación: «La vida no se repara volviendo hacia atrás, pero sí hay algo de aquel camino interrumpido que vuelve a aparecer 50 años después». Según los registros de la Comisión Provincial por la Memoria, durante la última dictadura hubo más de 340 adolescentes secuestrados en todo el país.
