Un ensayo clínico demostró que la natación alivia el dolor lumbar crónico
Un equipo de científicos de Australia demostró por primera vez que un programa de natación puede reducir la discapacidad provocada por el dolor lumbar crónico, una condición que limita la vida cotidiana de millones de personas en el mundo. El ensayo, llamado EduSwim, comprobó que ocho semanas de natación combinada con educación mejoraron la función física y el dolor de forma mucho más efectiva que la educación sola, con beneficios que se mantuvieron incluso un año después.
La evidencia que faltaba
El dolor lumbar crónico —el que dura más de doce semanas— figura entre las causas más frecuentes de discapacidad en adultos de todo el mundo, y los profesionales de la salud suelen recomendar la natación para tratarlo. Sin embargo, no existía respaldo científico sólido para esa indicación. «La natación se recomienda habitualmente como ejercicio para personas con dolor lumbar crónico, pero había una ausencia total de evidencia sobre si realmente funciona», señaló Deborah Wareham, fisioterapeuta e investigadora principal del Centro de Investigación del Dolor Espinal de la Universidad Macquarie, en Sidney. El trabajo, que contó con la coautoría del profesor Mark Hancock, se publicó en la revista British Journal of Sports Medicine.
Ocho semanas en el agua
Los investigadores reclutaron a 76 adultos de entre 26 y 74 años —con una edad promedio de 41— que sufrían discapacidad por dolor lumbar de al menos doce semanas, y los dividieron al azar en dos grupos: uno realizó natación con educación y el otro solo recibió educación. El plan de natación, adaptado a cada participante, apuntaba a tres sesiones semanales de entre 30 y 45 minutos e incluyó cuatro seguimientos por videollamada con un fisioterapeuta. «No eran nadadores habituales, pero podían nadar 25 metros y sentirse seguros en el agua», precisó Wareham.
Una mejora que persistió un año
Al cabo de las ocho semanas, el grupo de natación registró una discapacidad mucho menor. «Mejoraron alrededor de un 50% respecto de donde estaban antes de comenzar el programa», indicó la investigadora, y agregó: «En comparación con el grupo de control, que solo recibió educación, los nadadores obtuvieron en promedio 2,5 puntos, o un 30% menos, en una escala de discapacidad de uso extendido». Aunque la diferencia entre ambos grupos se redujo con el tiempo, el beneficio persistió en los seguimientos a las 26 y 52 semanas. «Ahora tenemos la evidencia para respaldar la recomendación: la natación es un ejercicio adecuado para personas con dolor de espalda, y ayuda», afirmó Hancock, quien destacó que la flotabilidad del agua facilita movimientos que de otra forma serían dolorosos. Los autores advirtieron que futuras investigaciones con muestras más grandes permitirían confirmar y ampliar estos hallazgos.